29 Oct 2021

Zwingli, Salchichas y Reforma

Por Dr. J. Alberto Paredes

Muchos sabemos cómo inició la Reforma Protestante en territorio sajón, actual Alemania. Martín Lutero, con la idea de proponer un debate teológico sobre la validez del sistema de méritos e indulgencias dentro de la iglesia católica romana, decide «clavar» sus 95 Tesis en la puerta de la Iglesia de Wittemberg. El resto es historia. 

Si bien, Lutero no buscaba realizar un acto provocador al publicar sus tesis, no podemos decir lo mismo de Zwingli. Y aunque Zwingli fue un personaje más prudente en algunos aspectos que Lutero, eso no dejó de hacerle buscar la reforma de la iglesia a través de la exposición de la Palabra de Dios. Sin embargo, el episodio paralelo en Suiza con Ulrich Zwinlgi, el reformador, fue bastante más cómico, atrevido, y delicioso.

Zwingli y la Reforma en Suiza

Ulrich Zwingli, conocido también como el ‘Mercenario se Dios’, nació en la villa de Wilhaus en Suiza. A los 22 años, se ordenó como sacerdote de la parroquia de Glarus. Glarus era básicamente un campamento militar, y la juventud en Suiza tenía la costumbre de vender sus servicios militares como una forma «fácil» de ganarse la vida. Entre los principales empleadores de sus servicios estaban el papa Julio II, y su sucesor, León X. 

En 1515 Zwingli participó en una batalla en favor de la Iglesia Católica contra el ejército del rey Francisco I de Francia. No solamente se perdió esa batalla, fue una verdadera masacre. Más de 10 000 soldados Suizos murieron, y con ellos la «romántica» idea de Zwingli de luchar por la iglesia. Lejos de afianzar su devoción hacia la iglesia, la experiencia lo hizo dudar.

Al año siguiente, de vuelta en Glarus, compró y leyó por primera vez una copia del Nuevo Testamento en Griego, producido por Erasmo de Rotterdam. Se dio cuenta de que había pasado su vida leyendo comentarios sobre la Biblia, sin leer la Biblia en sí misma. Zwingli estaba haciendo algo revolucionario para su tiempo. Leer el Nuevo Testamento es algo que hoy damos por sentado, pero en aquél tiempo, era considerado subversivo y peligroso; algo que no se debía hacer sin la guía del Santo Padre o la dirección de la iglesia. Mientras más leía, más se enamoraba del texto bíblico, y del Dios que lo había inspirado. Se dice que Zwingli reprodujo todas las cartas paulinas y memorizó prácticamente todo el Nuevo Testamento en griego. En seguida, la pensión papal que recibía por haber servido en el ejército de la iglesia, la comenzó a utilizar para comprar libros, y poder aprender el hebreo del Antiguo Testamento.

Su reputación como predicador creció y pronto fue comisionado como ministro en Zurich. Ahí, nuevamente, hizo algo impensable en aquél entonces. En su cumpleaños, el 1 de Enero de 1519, en lugar de predicar de las lecturas asignadas por el calendario eclesiástico, avisó a la congregación que comenzaría a predicar el libro de Mateo, verso a verso, hasta el final. Después de Mateo, seguiría con Marcos. Y así haría hasta el final del Nuevo Testamento. Zwingli creía que la Palabra De Dios debía ser predicada directamente a las personas sin cambios o modificaciones. 

La reforma en Suiza y el personaje de Zwingli no fueron tan dramáticos como Lutero en Alemania. Y sin embargo, ahora quiero comentar sobre un evento en particular que sería la contraparte de las 95 Tesis en la puerta de Wittemberg. 

Por un lado, Zwingli tenía un temperamento mucho más calmo que el de Lutero. Eso lo llevó a «predicar» el camino de la reforma verso a verso, y esperar que la gente comenzara a comprender por sí misma las implicaciones de lo que la Palabra de Dios tenía para su vida. 

Sausagegate: Salchichas y la Adoración de Dios

Adelantándonos hasta 1522, nos encontramos en la época de la cuaresma. Por creencia tradicional católico-romana, la cuaresma es un tiempo en el año de 40 día en el que debemos abstenernos de comer carne como un modo de imitar los 40 días que Jesús pasó en el desierto al inicio de su ministerio. 
Regresando a Zurich en la cuaresma de 1522, doce amigos decidieron juntarse para tener una fiesta de comida, donde las salchichas serían el plato principal. Si bien Zwingli no participó directamente, consistente con su carácter poco más prudente, si defendió públicamente a sus amigos. 
Zwingli arguyó que si bien no compartía la forma de desafiar instituciones meramente humanas como la cuaresma, definitivamente la cuaresma era nada más que eso: una institución humana.
Zwingli defendía que nada debía imponerse a la forma como el hombre adora a Dios, mas que aquello que fuera explícitamente indicado de forma positiva en la Escritura. Nada que no estuviera en la Palabra de Dios era obligatorio. Dicho de otra forma, la adoración de hombre, así como toda su forma de vivir, debía estar regulada únicamente por la Escritura. Pronto, en Suiza, los congregantes comenzaron a deshacerse de imágenes, y otras tradiciones de hombres. 
De alguna forma, esto rescataba los principios bíblicos de lo que más adelante se conocería como el Principio Regulativo de la Adoración.

 

 

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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