30 Oct 2021

Lutero y la Oración

Por Dr. J. Alberto Paredes

La oración es algo vital para el creyente. Esto siempre ha sido así, y para los reformadores, no era diferente. Es edificante poder examinar lo que algunos personajes en la reforma hacían con su tiempo de oración. Cuando hablamos de Martín Lutero, esto es especialmente interesante. La teología que Lutero fue desarrollando durante su vida ministerial encontró su camino hacia su vida devocional, y por tanto, se ve claramente en su vida de oración. De una forma, podemos decir que para Lutero, la oración es teología en acción.

Penitencia o Fe?

En su tiempo como monje agustino, Lutero oraba ‘las horas’. Estas horas eran oraciones específicas que los monjes debían hacer en ciertos momentos del día como parte del sistema de penitencia en la iglesia católica. Durante su tiempo en el claustro agustino, Lutero oraba Salmos, el Padre Nuestro, además de otras plegarias dirigidas a santos y a la virgen María. Las oraciones a los santos y a María formaban parte del mismo sistema de penitencia y méritos. En la teología de su tiempo, Lutero había sido enseñado que el orar a los santos y a María haría que ellos intercedieran por ellos delante de Dios, y que pusieran parte de sus méritos de sobra en favor de aquél que oraba. Estas oraciones provenían de un libro que funcionaba como directorio de oraciones medieval o eleccionario llamado el libro de las horas.

Mientras Lutero se acercó más y más a la fe bíblica, comprendió que el sistema de penitencia no era aquello que salvaba al creyente ni restauraba su relación con Dios. Esta transición de un sistema de buenas obras para salvación a un sistema de salvación a través de la fe, que tiene buenas obras como consecuencia, cambió la forma en la que Lutero entendía la oración. La oración debía fluir como el resultado de una vida de gratitud por lo que Dios ya ha hecho y no como condición para que Dios haga algo por mí.

Uno de los primeros cambios que sufrió la vida de oración para Lutero fue remover todas aquellas oraciones que no fueran dirigidas hacia Dios. La oración habría de ser un acto de fe, y esta fe es una que solo puede ser depositada en el Creador, y no en la criatura. El Padre Nuestro, para Lutero, cumple de modo excelente esta función. Así pues, Lutero nos anima a no solo recitar el Padre Nuestro, sino a reflexionar y orar a través de cada una de sus peticiones.

¿Qué Necesita el Creyente?

Uno de los grandes momentos para la vida y teología de Lutero, fue el descubrir que la ley no salva a nadie. (Solo basta leer su comentario a la carta de Pablo a los Gálatas para tener una probada del cambio que ésto representó en nuestro héroe reformador). Lutero comprendió quizá mejor que nadie lo que hoy conocemos como el primer uso de la Ley Moral. La Ley Moral nos sirve para darnos cuenta de nuestro propio pecado, lo lejos que estamos de los estándares de Dios, y lo mucho que necesitamos de Cristo.

Con esto en mente, cada vez que Lutero habla de la oración, nos regresa a los 10 Mandamientos. El propósito es, sobretodo, la confesión. En la mente de Lutero, orar a través de los Mandamientos nos lleva de nueva cuenta a ver lo distante que estamos de una vida perfecta. Nos lleva a contemplar nuestra necesidad de un evangelio de gracia.

Así pues, Lutero lleva a todo quien le pregunta a considerar orar primero a través de los 10 Mandamientos.

Centrados en Dios

Una vez que vemos nuestra condición y nuestra necesidad del evangelio, para Lutero, es importante reflexionar en lo que Dios ha hecho. Para ello, no hay nada mejor que el Credo Apostólico. Escrito en un formato trinitario, el Credo delinea las acciones de cada persona de la Trinidad en el decreto divino de creación y redención. Sin embargo, aunque este fue el propósito inicial en la formación del Credo, este propósito se había perdido durante el medievo debido a la superstición, y una ruptura con la teología tradicional de la Iglesia temprana. Para el momento en el que Lutero aprendió el Credo, se le había enseñado que cada una de las frases ahí encontradas pertenecían a cada uno de los 12 apóstoles, centrando el Credo de nueva cuenta en el hombre y no en Dios.

De este modo, para Lutero, el Credo no nos debe llevar a pensar en lo que los apóstoles hicieron, en cada una des us doce partes, sino que dividiendo el Credo en tres, regresando a su estructura trinitaria original, orar a través del Credo nos lleva a agradecer y adorar al Dios Trino por lo que Él ha hecho por nosotros.

Conclusiones

La teología y la devoción van de la mano. No podemos orar de la forma correcta si no conocemos a Dios como Él se ha revelado. Lutero nos muestra claramente la conexión que existe entre la forma como oramos, y lo que sabemos acerca de Dios. Detrás de todo esto, podemos preguntarnos, ¿qué es lo que está moldeando el pensamiento de Lutero? La respuesta es una: La Escritura. Es la Palabra De Dios la que nos revela a Dios, y la que dicta la forma como nos comunicamos con nuestro Señor. El principio de Sola Scriptura, afectó la forma como Lutero oraba, y su oración fue un fundamento sobre el cual vivió la vida Cristiana.

Para leer más sobre Lutero y la Oración recomendamos:

Una Manera Sencilla de Orar – Martín Lutero

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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