15 Oct 2018

Tu Gracia Me Basta

¿Cuál es entonces el verdadero significado de bastarse en la gracia de Dios? ¿Hasta dónde debemos conformarnos cuando pensamos en la gracia salvadora? ¿Es acaso “conformarnos” el término adecuado?
Por Dr. J. Alberto Paredes

El Sufrimiento y la Gracia de Dios

Dr. J. Alberto Paredes

El sufrimiento y el dolor son algo real en la vida del creyente. La Biblia no nos promete una vida sin dificultades para quienes hemos sido llamados a ser seguidores de Cristo. Es un hecho que mientras vivamos en un mundo caído no estamos exentos de experimentar las consecuencias terribles del pecado, y una de ellas es el sufrimiento. Este sufrimiento puede venir a nosotros de diversas formas, enfermedad, pérdidas en el trabajo, de un ser querido, de relaciones, problemas económicos, ponle el nombre que gustes. Todas aquellas situaciones que causan un pesar en nosotros, dolor, amargura, esto es sufrimiento. El problema está en que muchas veces estas pruebas pueden ser tan difíciles, estos tragos pueden ser tan amargos que podemos olvidar la dulzura que podemos encontrar en Cristo en medio de estas circunstancias. Antes de comenzar el tema, debemos olvidar la idea de que el sufrimiento es un error de Dios, o algo que a Él se le salió de las manos. No. Dios es un Dios soberano, y todo está en Su control. Si esto es así, entonces, ¿por qué sufrimos? 

Si alguien conocía bien el tema del sufrimiento, este era el apóstol Pablo. Durante su ministerio, el experimentó persecución, necesidad, hambre, pobreza, soledad, un naufragio, fue mordido por una víbora, fue golpeado casi al borde de la muerte y aprisionado en varias ocasiones y por mucho tiempo. De hecho, es de resaltar que al momento de narrar su llamado al ministerio en Hechos 9:16, el Señor le dice a Ananías hablando sobre Pablo lo siguiente: “…porque Yo le mostraré cuanto ha de padecer por Mi nombre.” En fin, Pablo sabía lo que era sufrir, sin embargo, en 2 Corintios 12 podemos encontrar una narrativa en la que Pablo describe una circunstancia especial, donde le había sido dado un “aguijón en la carne”, el cual describe como un “mensajero de Satanás que lo abofetee”, por lo cual dice la Escritura que tres veces rogó al Señor para que le sea quitado. No solo pidió; rogó. Imploró al Señor que sus circunstancias sean distintas. No podemos saber a ciencia cierta la naturaleza exacta de esta espina en la carne, sin embargo de una cosa podemos estar seguros, Pablo sufría esto en gran manera. 

Imaginemos la siguiente escena: Pablo, que ha sufrido una cantidad de circunstancias casi inimaginables, todo lo antes descrito, encima de esto, se le ha puesto una prueba especial que le causa dolor, pesar y quebranto, tanto así que se encuentra rogando, de rodillas, con lágrimas en los ojos, tal vez en una noche oscura, para no molestar a otras personas, en la soledad de su habitación, pidiendo a Dios que por favor quite de él esta circunstancia. Y el Señor se ha dispuesto responder, y cuando lo hace lo hace con estas palabras:

“…Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad.”

-2 Corintios 12:9

¿Es todo? ¿No hay más? ¿Qué hay de la espina en la carne? ¡Sigue aquí! 

En ocasiones de prueba, de dificultad, de dolor y sufrimiento, la frase “Tu gracia me basta” puede venir a nuestras mentes o por el consejo de otros, como una especie de cliché o mantra cristiano, que con la suficiente repetición logrará convencernos de que nuestras circunstancias “están bien”. Pero, ¿acaso no hay más que eso?, ¿solo… “está bien” y listo? Al utilizar esta porción de la Escritura de esta manera podemos vernos tentados a caer en una especie de conformismo cristiano que está muy lejos del gozo pleno y la satisfacción que podemos verdaderamente hallar en Cristo. 

¿Cuál es entonces el verdadero significado de bastarse en la gracia de Dios? ¿Hasta dónde debemos conformarnos cuando pensamos en la gracia salvadora? ¿Es acaso “conformarnos” el término adecuado?

Para responder a todas estas cuestiones, es primordial determinar dos puntos principales:

  1. ¿Qué es la gracia (salvadora) de Dios? La gracia salvadora de Dios se refiere a la intervención divina, inmerecida, por medio de la persona de Jesucristo, en favor de criaturas pecadoras, sin acceso a una relación con el Padre, y que de otro modo lo único que tendrían sería juicio y condenación eternas.
  2. Y, ¿qué es lo que esta gracia ha logrado en nuestras vidas? No pretendo en este breve artículo tratar de manifestar a toda profundidad el gran misterio de la gracia de Dios (si es que eso es siquiera posible), sino más bien exponer algunos sencillos puntos que nos ayudarán a dar un mejor sentido a lo que significa bastarnos en Su gracia. 

La gracia de Dios ha dado propósito a nuestro sufrimiento. Para quienes somos hijos de Dios, Su gracia ha hecho posible la salvación y ahora, dentro del contexto de la salvación, el sufrimiento tiene un propósito en nuestras vidas. Dios nos amó de tal forma, que aún siendo rebeldes y mereciendo condenación, decidió enviar a Cristo para que, a través de Su sufrimiento, nos fuera dada salvación. Así mismo, cuando nosotros, hijos adoptados del Padre sufrimos por Cristo, nos hacemos partícipes de los sufrimientos de Cristo (1 P 4:1;12-13), no en el sentido de colaborar de alguna manera para nuestra salvación, pues aquello es algo que únicamente Dios hecho hombre podía lograr, pero sí en el sentido en que, así como los sufrimientos de Cristo fueron un medio para la manifestación de la gloria de Dios, nuestro sufrimiento ahora, en Cristo, por su gracia, no es un sufrimiento hueco o vacío. Sufrir en el contexto de la salvación, por gracia de Dios, es una bendición con un propósito: que la gloria de Dios sea manifestada.

Pero si alguien sufre como Cristiano, que no se avergüence, sino que como tal (en ese nombre) glorifique a Dios.

-1 Pedro 3:16

La gracia de Dios nos ha dado esperanza en nuestro sufrimiento. Ahora, en Cristo, como hemos comentado, tenemos la esperanza de padecer por causa del evangelio para la gloria de Dios y esto es algo hermoso. Pero también es importante reconocer que en muchas ocasiones el sufrimiento es consecuencia de nuestro propio pecado. Cuando este es el caso, en Cristo, por Su gracia, también tenemos esperanza. Puesto que Él ha vencido ya a la muerte y el pecado y nos ha dado de Su Santo Espíritu, capacitándonos así para vencer la tentación para vivir vidas que le glorifiquen (Ef. 2:1-10). Pero la Escritura va más allá y manifiesta que Él mismo ha prometido regresar y establecer Su Reino de paz, libre de todo pecado, libre de sufrimiento y dolor, donde Él es el centro y de Él fluye la vida. Un lugar de Dios, para el pueblo de Dios, bajo el gobierno perfecto de Dios, por toda la eternidad. 

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron… Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: “El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.  El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. “El que está sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas.”

-Apocalipsis 21:1a;3-5a

Como ya hemos revisado, es por Su gracia que Dios nos ha brindado salvación desde el pasado eterno estableciendo que el sufrimiento tiene un propósito santo, es por Su gracia que tenemos una hermosa esperanza futura de gozo eterno en presencia de Dios sin dolor ni sufrimientos. Pero, ¿qué es lo que la gracia sublime de nuestro Dios logra hoy?

Para tocar este punto es necesario recordar cuál era nuestra condición previa a la gracia. Cuál era nuestro estado antes de experimentar la preciosa gracia salvadora de Cristo. Qué pasó con el ser humano a partir del primer pecado. Para esta tarea, dejaré que la Palabra de Dios sea explícita al respecto:

Y el Señor Dios lo echó del huerto del Edén, para que labrara la tierra de la cual fue tomado. Expulsó, pues, al hombre…

-Génesis 3:23-24a

Aparten de Mí el ruido de sus cánticos, Pues no escucharé ni siquiera la música de sus arpas.

-Amós 5:23

Oh Señor, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo estarás enojado contra la oración de Tu pueblo? Les has dado a comer pan de lágrimas, Y les has hecho beber lágrimas en gran abundancia. Nos haces objeto de burla para nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se ríen entre sí. Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer Tu rostro sobre nosotros, y seremos salvos. (Sal 80:4-7)

…por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.

-Romanos 3:23

A través de toda la escritura podemos darnos cuenta una y otra y otra vez de una lamentable realidad, a partir del pecado original, y en adelante, sucedió lo peor que le puede pasar a una criatura de Dios, la consecuencia más terrible que le pudo pasar al hombre, del cual había sido advertido en el principio: La relación con Dios se rompió y no había nada que el hombre pudiera hacer en sí mismo para restaurarla.

Todos estos versículos reflejan de una u otra manera esta relación rota entre el hombre y su Creador y/o el sufrimiento que deriva de ello. El ser humano que había sido creado bueno, sin pecado, ahora vivía en una completa rivalidad contra su Creador, odiando a Dios, buscando su satisfacción en otras cosas y sufriendo cuando estas fallaban. Es esta relación rota, esta separación de nuestro Dios, lo que trae como consecuencia el mayor de nuestros sufrimientos, el más profundo vacío de la vida del hombre. Esta es la verdadera muerte: estar separados de Dios y sin deseos o posibilidad de regresar a una relación con Él.

Es en este punto donde la gloriosa gracia de un Dios Maravilloso, Bueno, Perfecto, Santo, lleno de misericordia y amor interviene. Puesto que es en este estado de detracción total, como aborrecedores de Dios (Ro 1:30), que Dios, el Padre, envía a Su Hijo único, a Jesús de Nazaret (Jn 3:16), quien no tomando en consideración el ser igual a Dios, se despojó de sí mismo (Fil. 2:6), y se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn. 1:14), fue despreciado, desechado, llamado varón de dolores, experimentado en quebranto, herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por Su llaga fuimos nosotros curados (Is. 53:4-5). Llevó en Su cuerpo nuestros pecados en la cruz (1 Pe. 2:24). Fue muerto, sepultado, resucitó al tercer día (1 Co. 13:4), ascendió a los cielos (Hch. 1:9) y se encuentra sentado a la derecha del Padre donde intercede por nosotros (Ro 8:34). 

Es en esta obra de Cristo, en este evangelio de la gracia de Dios que ahora nuevamente tenemos acceso al Padre. La relación con Él ha sido restaurada para quien por fe ha creído que Jesús es el Señor y Salvador. Hemos sido adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. No solo es que ya no somos enemigos, ¡ahora somos hijos, coherederos con Cristo! (Ro. 8:17) Cuando antes estábamos separados por completo de Dios, ahora podemos acerarnos confiadamente al trono de la gracia (Heb. 4:16). Ya no hay nada que pueda separarnos del amor de Dios (Ro. 8:38-39).

Es esto lo que la gracia de Dios hace por nosotros hoy. Nos da el evangelio de Cristo para ser reconciliados con el Padre, y es por esto que Su gracia nos basta. No por un conformismo mediocre e inevitable, sino por la posibilidad real de una relación con Dios. En medio de la amargura del sufrimiento, la dulzura de Cristo nos satisface, nos llena, nos hace plenos. Es a Dios a quien el hombre necesita. Es para glorificar a Dios y gozar de una relación con Él para lo que el ser humano fue creado, y solamente por Cristo podemos tener acceso a ello y solo en Cristo entonces podremos encontrar satisfacción total. Sí, vendrán pruebas, dolor, sufrimiento, enfermedad, y angustia, pero si estamos en Cristo, ahora tenemos todo lo que necesitamos para estar gozosos en medio de la dificultad. Realmente Su gracia nos basta, porque por medio de Su gracia, tenemos acceso a Dios mismo, a una relación personal con Él. 

El salmista lo expresa bien en el siguiente canto:

El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares agradables; En verdad es hermosa la herencia que me ha tocado. Bendeciré al Señor que me aconseja; En verdad, en las noches mi corazón me instruye. Al Señor he puesto continuamente delante de mí; Porque está a mi diestra, permaneceré firme. Por tanto, mi corazón se alegra y mi alma se regocija; También mi carne morará segura, Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol… Me darás a conocer la senda de la vida; En Tu presencia hay plenitud de gozo; En Tu diestra hay deleites para siempre. 

-Salmos 16:5-11

Es en medio de nuestra debilidad que el poder de Dios es manifestado. Es en medio de nuestra necesidad, que la gracia magnifica la gloria de Dios. Es en medio de la amargura del sufrimiento, que podemos encontrar la dulzura de Cristo. 

¡Bendito sea el nombre del Señor Dios, que por medio de Jesucristo, de pura gracia, nos ha reconciliado consigo mismo! Gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu. Ahora podemos decir, en medio de la prueba, en medio de la dificultad, en medio de la angustia, en medio del dolor:

¡Tu Gracia Me Basta!

Amén.

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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