19 Mar 2019

¿Qué hago si un hermano peca contra mí?

Por Daniel Méndez

El llamado al perdón.

El 17 de Junio de 2015 en la iglesia metodista Episcopal Africana Emanuel en Estados Unidos un joven accedió al templo con la intención aparente de participar en un estudio bíblico. Por desgracia, en realidad, este joven no fue para aprender sobre Dios y lo que dice la Escritura. Su intención era más oscura.

Esa misma noche el joven dijo: “¿Quieren un motivo para rezar?” y de la nada, comenzó a disparar contra todos los asistentes. El saldo fue de 9 muertos, incluido entre ellos, el pastor de dicha congregación.

Semanas más tarde, este joven fue enjuiciado, y se le dio la oportunidad a las familias de los fallecidos de confrontarlo. Imagínense hermanos, si usted estuviera enfrente de la persona que asesinó a un familiar ¿qué le diría?

Le diré lo que declararon los familiares: “Te perdono, tu tomaste algo muy preciado para mí, yo nunca podré hablar con ella otra vez, nunca podré abrazarla otra vez, pero te perdono”; “Tu sabes, yo te perdono, mi familia te perdona, pero quisiéramos que tomarás esta oportunidad para arrepentirte, ¡arrepiéntete!, ¡confiesa!, da tu vida al único que importa…Cristo”; “te dimos la bienvenida, el miércoles en la noche a nuestro estudio bíblico con los brazos abiertos y tu mataste a las personas más increíbles que conozco, cada fibra de mi cuerpo me duele, pero como decimos en nuestro estudio bíblico, que Dios tenga misericordia de ti”.

¿Habría usted hecho lo mismo? ¿Lo habría perdonado y le hubiera dicho que fuera a Cristo en arrepentimiento? Sabe, yo no estoy seguro que podría hacerlo. Sin duda alguna nuestra tendencia es reprochar y maldecir al que nos causa un gran dolor. Nos iríamos más por el camino de devolver mal por mal, maldecir, incluso desear venganza.

El rencor y la falta de perdón en este mundo caído solo ha provocado más pecado. Desde relaciones terminadas, familias divididas e incluso hasta asesinatos. Lo mismo pasa en la iglesia cuando un hermano peca contra nosotros, lo primero que hacemos es guardar rencor y proclamar a los cuatro vientos el daño que nos han hecho, y es ahí cuando comienzan las divisiones.

Pero esa no es la actitud que debemos tener ante estas situaciones, sin duda una característica de todo creyente es reflejar el carácter de Cristo, el cual dio todo su ser voluntariamente para reconciliarnos con el Padre. Él nos perdonó cuando justamente podía dejarnos en  esclavitud de nuestro pecado. Somos llamados a perdonar aunque a veces esto nos cause dolor.

Estaremos meditando dentro de algunos versículos de Mateo 18 sobre nuestro llamado hacia el perdón. Examinaremos dos puntos clave sobre el tema.

Somos llamados a perdonar activamente.

El primer punto del que hablaremos es que somos llamados a perdonar activamente.

Cuando hablamos de perdonar activamente nos referimos a que el creyente no solo debe perdonar y ya al hermano que le cometió algún pecado, tiene que hacer más, tiene que buscar la reconciliación; tiene que confrontar el pecado y no quedarse callado.

Este llamado es muy importante dentro del contexto de la iglesia. Dice así la palabra del señor en:

Mateo 18: 15-17

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

En estos versículos Jesús les enseña a sus discípulos cómo debe ser la disciplina eclesiástica, es decir, cómo tratar los casos que se presenten en la iglesia cuando un hermano de la comunidad cae en pecado o peca contra alguien y no muestra señales de arrepentimiento.

Primero hay que entender varios aspectos en este pasaje. Debemos entender que antes de reprender a nuestro hermano por cualquier cosa que nos haya hecho, debemos perdonarlo y tener la iniciativa de buscar la reconciliación.

Si un hermano de la iglesia ha pecado contra nosotros, nuestra actitud no debería ser echarle en cara lo que nos ha hecho, no deberíamos ir con otro hermano para decirle el error que cometieron contra nosotros promoviendo de esa manera el chisme dentro de la comunidad de la iglesia, de ninguna manera. Nuestra actitud debe llevarnos a perdonarlo, aunque él no tenga la iniciativa de pedir perdón. También debemos entender que nuestra motivación no debe ser orgullosa y reprenderlo porque queremos ganar una discusión; o hacerlo sentir mal y exponerlo como pecador. Nuestra motivación debe ser el deseo profundo (como dice el versículo 15) de recuperar o ganar a nuestro hermano de su camino pecaminoso, de hacerle ver su necesidad de Dios y de buscar arrepentimiento.

Yo recuerdo que hace algún tiempo me pidieron ayuda para realizar manualidades para colocar como ambientación en una actividad de jóvenes; la gente que es cercana a mi sabe que detesto con todo mi ser hacer manualidades, sinceramente yo tengo muy poca paciencia, hermanos, al realizar este tipo de actividades, como cortar en línea recta, pegar cartulina, etc. Así que ahí estaba yo realizando dichas actividades, con una mala cara, refunfuñando, quejándome de todo y haciéndolo de mala gana. Pero algo de lo que no me di cuenta, es de que yo estaba pecando contra mis hermanos. Ellos me pidieron amablemente mi ayuda y yo dije les había dicho que sí. Ese mismo día, una persona se me acercó y me dijo que estuvo mal mi actitud, en pocas palabras me reprendió hermanos como era su deber como cristiano, pero, ¿saben cuál fue mi reacción? La verdad fue muy grosera y orgullosa. Yo contesté: “pues no me vuelvan a pedir realizar manualidades”.  Después de un rato este hermano se acercó de nuevo y con otra persona que estuvo ahí me lo volvió a decir, y en ese momento pude ver mi corazón orgulloso que necesitaba pedir perdón tanto a mis hermanos como a Dios. Saben, si no fuera por aquellos hermanos, tal vez hubiera seguido con esa actitud orgullosa, pero gracias a Dios, estas personas  me perdonaron (no me reprocharon mi actitud, ni me gritaron “a la próxima no te pido nada”) antes de hablar conmigo y tuvieron el valor de acercarse y encararme con mi pecado.

Debemos tener siempre presente que el propósito de reprender no es regañar, sino animar fraternalmente y ayudarlo a darse cuenta de su pecado para que corra a los brazos de Cristo en busca de arrepentimiento y de esa manera ganar a nuestro hermano.

Pero si no escucha (así como yo lo hice), debemos volver con él con otro u otros hermanos como dice el versículo 16.

Tal vez la persona a la que reprendas piense que él es el que tiene la razón y no tú, cuando sucedió lo de las manualidades yo estaba completamente convencido que yo tenía la razón, pero con la ayuda de otro hermano pude entender que tal vez yo no estaba en lo correcto, tal vez estaba cometiendo un mal hacia mis hermanos con mi actitud. Pero con la ayuda de algún líder, del pastor, un anciano o diacono que te acompañe, tal vez así la persona pueda entender la seriedad de su pecado. Ahora si aun así la persona no está dispuesta Jesús nos da otra opción en el versículo 17.

El último paso que Jesús nos da, es llevar el caso a la iglesia, y que como comunidad se haga un llamado al hermano al arrepentimiento. Pero si el hermano aún insiste en permanecer en su pecado, la expresión de “publicano y gentil” quiere decir que no se le considere como parte de la iglesia, es decir, debe ser separado por un tiempo de esta misma, pero no para que cada quien siga su camino y no se vean nunca más, más bien, el propósito de esto es hacerlo consiente y llevarlo a confesar su pecado. Que el pecador tome conciencia de la gravedad de su pecado. Los creyentes debemos tratarlo con cortesía pero también demostrarle con nuestra actitud que no aprobamos su pecado.

Por lo tanto, si alguien peca contra nosotros o vemos que su vida está en pecado, no nos callemos, vayamos a él con  actitud humilde y fraternal, con una motivación de recuperar a nuestro hermano al camino de la fe. Sin duda alguna quedarnos sin hacer nada, tener una actitud pasiva y no activa, guardarle rencor y no perdonarlo sería lo peor porque podríamos perder a nuestro hermano y nosotros estaríamos pecando contra él de igual manera. Debemos seguir las instrucciones de Cristo y no las nuestras. Todo para que ninguno de nosotros nos desviemos de su camino el cual es el único que nos lleva al Padre.

Somos llamados a perdonar indefinidamente.

El segundo llamado que encontramos en Mateo 18 es que somos llamados a perdonar indefinidamente. No hay un límite para perdonar. Cuando se trata de perdonar no existe la expresión “esta es la última vez”. Tal como lo dice la palabra del señor en los versículos 21 y 22.

Mateo 18:21-22

21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Pedro después de escuchar las instrucciones que debía seguir cuando un hermano pecara contra él había comprendido que debía perdonar, pero le surgió una duda, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Cuántas veces debo tolerar a mi hermano? ¿Hasta cuándo puedo dejar de perdonar? Y siguiendo con su duda le pregunta a Jesús ¿acaso serán 7 veces? Es muy probable que Pedro que pensase que estaba mostrando una gran gracia al sugerir como máximo 7 veces. Pero Cristo, le responde que debían ser setenta veces siete; esto no significa que debamos tomar literalmente el límite de perdonar 490 veces a nuestro hermano. Lo que Cristo quería decir en esta expresión es que debemos perdonar a nuestro hermano indefinidamente. Hace esto para mostrar que el espíritu de perdón genuino no reconoce límites algunos. Es un estado del corazón y no una cuestión de cálculo.

Así que hermanos perdonemos, aún si alguien está hablando constantemente mal a nuestras espaldas en la iglesia;  aún si compartes algo íntimo en tu grupo pequeño, algo delicado que solamente debería saber tu líder y los integrantes del grupo pequeño, y uno de estos lo cuenta a varios hermanos; aún si alguien nos hace un comentario insultante a nuestra persona; aún si alguien no te quiere ayudar porque dice que no está capacitado ni tiene paciencia para la tarea que le pides (así como yo).

Es nuestro llamado perdonar indefinidamente, tanto a los hermanos de la iglesia como a los que están fuera de ella.

Trabajadores, son llamados a perdonar cuando sus jefes les gritan en la oficina o cuando tienen compañeros de trabajo complicados que a veces perjudican la vida laboral. Hijos, son llamados a perdonar a sus padres cuando les fallan. Como ciudadanos somos llamados a perdonar e inclusive a orar por nuestras autoridades por el abuso que cometen a veces. Somos llamados a perdonar indefinidamente.

Conclusión

Así que perdonemos a nuestros hermanos como Dios nos ha perdonado a nosotros y reprendamos en amor así como Dios nos corrige y nos disciplina con el amor de un padre. Que nuestra intención sea imitar el carácter de Cristo en estas situaciones y no sigamos los deseos de nuestro corazón.

Somos llamados a  perdonar activamente, somos llamados a perdonar indefinidamente, sin importar el daño que nos hayan hecho. Suena difícil, y no solo suena, es difícil. Pero por la Gracia de Dios, Él envió a su Santo Espíritu para capacitarnos y moldearnos cada día más a imagen y semejanza de Cristo. Él nos modela cada vez más a su imagen para que podamos reflejarlo en nuestras vidas. Sin duda alguna el perdón y la reprensión en amor, sin sacrificar la verdadera disciplina Bíblica, mantienen a la iglesia unida, y mantienen la paz dentro de ella.

Soy Licenciado en educación por la Universidad Autónoma de Yucatán. Actualmente sirvo como diácono de la Iglesia Nacional Presbiteriana Shalom en Mérida, Yucatán.

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