12 Dic 2021

María, La Madre de Jesús

Por Pbro. Luis García

Hace más de dos mil años, en una ciudad llamada Nazaret en la región de Galilea, un ángel fue enviado por el Señor para dar a conocer la mejor noticia del mundo:

Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin” (Lc.1:31-33).

El tiempo de espera había terminado. La promesa estaba por cumplirse. En menos de un año el mundo vería a Aquel de quien se había prometido y profetizado durante todo el Antiguo Testamento. Pero ¿cómo responderían las personas ante este maravilloso anuncio del nacimiento del Redentor divino. Específicamente, ¿cómo respondió María ante esta buena noticia?

María, La Madre de Jesús

“A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María.El ángel se acercó a ella y le dijo: ¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lc.1:26-28).

Empecemos observando algunos datos sobre la identidad de María, para luego detenernos en la forma en que respondió a esta noticia.

  • En primer lugar, el texto bíblico nos dice el lugar de la residencia geográfica de María, a saber, Nazaret de Galilea, que era una pequeña aldea situada en la parte norte de Israel.
  • También, nos dice algo acerca de la condición de María. El v.27 nos dice que ella era una “joven virgen comprometida para casarse con José”. Esto significa que María ya había sido desposada, es decir, prometida como esposa para José en “presencia de testigos en una ceremonia solemne…en conformidad con las costumbres de la época”[1]. Sin embargo, esta pareja ritualmente comprometida aún no podía vivir junta, ni tener relaciones sexuales sino hasta la boda. Por esta razón, María es correctamente llamada virgen, lo que también nos enseña que el nacimiento de Jesús fue un evento biológicamente extraordinario, un evento milagroso.
  • Por último, aprendemos sobre lo que Dios hizo por ella. Específicamente, mostró su favor a María al concederle una gran bendición. Esta maravillosa bendición consistía en que quedaría encinta y daría a luz un hijo, y le pondría por nombre Jesús” (Lc.1:31). Esta bendición fue única y estaba basada en la gracia de Dios y, por lo tanto, era un favor inmerecido; una dadiva que María no se ganó por algo que haya hecho o por alguna virtud de ella. En esencia, este pasaje nos muestra a una mujer que fue receptora de una gran e inmerecida bendición.[2]

¿Cuál fue la respuesta de María ante todo esto? Lucas nos relata lo siguiente: “¿Cómo podrá suceder esto, le preguntó María al ángel, puesto que soy virgen? (1:34). Notemos que estas palabras no son de incredulidad. María no está respondiendo con falta de fe. Ella le ha creído al ángel de que ha sido bendecida por la gracia de Dios para ser la madre del Salvador y Rey prometido. Lo que tenemos entonces aquí es una genuina pregunta o confusión. Algo así como: ‘Creo en lo que me has anunciado, pero lo que no entiendo bien es cómo va a suceder todo esto si soy virgen.’ Y entonces el ángel Gabriel le responde: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios” (1:35).

Si ella hubiera desconfiado, el ángel hubiera dicho algo similar a lo que encontramos en versículos anteriores. En Lucas 1:11-17 tenemos al ángel Gabriel anunciándole a Zacarias que su esposa quedaría embarazada y la respuesta de Zacarias fue “¿cómo podré estar seguro de esto?… Ya soy anciano y mi esposa también es de edad avanzada”. Estas palabras sí fueron de incredulidad y lo sabemos principalmente por lo que contestó el ángel. “Yo soy Gabriel y estoy a las órdenes de Dios…He sido enviado para hablar contigo y darte estas buenas noticias. Pero como no creíste en mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, te vas a quedar mudo” (1:19-20).

Como vemos, María no respondió con falta de fe. Al contrario, mostró confianza al mensaje de Dios. Ella confió en que lo que le habían anunciado era verdadero, aunque no entendiera todos los detalles. Fue entonces su fe la que la llevó a expresar las siguientes palabras: “Aquí tienes a la sierva del Señor, contestó María. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel la dejó” (1:38).

Pero esto no es todo. Además de responder con fe y sumisión a la palabra de Dios, María respondió gozándose en esta maravillosa noticia y alabando a Dios por esta muestra de su gracia. En los versículos 46-49 de Lucas 1, encontramos estas palabras: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí. ¡Santo es su nombre!

¡Así es! Dios hizo grandes cosas por María, quien siendo la futura y humilde esposa de un carpintero de uno de los pequeños pueblos de Galilea, Dios la eligió por gracia para que fuera el instrumento humano a través del cual nacería, por el poder creador del Espíritu Santo, el Redentor del pueblo del Señor. Como bien escribió el teólogo William Hendriksen: “En los ojos de muchos ella probablemente era considerada como alguien a quien difícilmente Dios hiciera objeto de su especial favor. No obstante, de ahora en adelante no solamente Elisabet (v. 42) sino todas las generaciones la llamarían bienaventurada,[3]” que significa bendecida por Dios. María fue grandemente bendecida por el Señor, y por eso ella se gozó en Dios su Salvador. A él sea toda la gloria por los siglos de los siglos. Amén.  

¿Qué Concluimos?

Como podemos ver, la respuesta de esta joven virgen llamada María es digna de nuestra imitación. A diferencia de muchas personas, el cristiano ve en María, no a la persona más santa, ni a una mediadora, sino a un ejemplo de fe, sumisión a Dios y alabanza al Señor. Que el mismo Dios que ayudó a María a responder así, nos capacite para confiar más en él, someternos en todo momento a su Ley y alabarlo por cada una de sus bendiciones, especialmente la bendición de que ese niño que nació de María, por obra del Espíritu Santo, es ahora nuestro glorioso Salvador.


[1] Hendriksen, W. (2002). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Lucas (p. 95). Libros Desafío.

[2] Como podemos ver, nada en este pasaje enseña que María estuviera llena de la gracia divina para poder ahora otorgarla a otros como se ha enseñado en el Catolicismo.

[3] Hendriksen, W. (2002). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Lucas (p. 113). Libros Desafío.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada. Puedes seguir su contenido en https://www.facebook.com/SoliDeoGloria8/

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