15 Ago 2020

Leyendo Narrativamente

Por Lic. Victor Zaldaña

Leyendo la Historia Más Grande Jamás Contada

Todos amamos una buena historia ¿no? Todos hemos escuchado alguna vez las siguientes líneas: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”[1] o quizá: “Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo…”[2] o “Érase una mujer, casada con un hombre muy rico, que enfermó, y, presintiendo su próximo fin, llamó a su única hijita y le dijo…”[3]

Podemos afirmar con, gran grado de certeza, que al menos una vez en tu vida has escuchado alguna de estas frases que marcaron un antes y un después en la literatura mundial. La razón por la que esto es así, es que a nosotros los seres humanos nos encantan las historias. Quizá por esta razón es que Dios en su infinita sabiduría comunicó gran parte de su revelación de forma narrativa. De hecho, según los estudiosos, la literatura narrativa representa más del cuarenta por ciento del Antiguo Testamento y casi el sesenta por ciento del Nuevo Testamento.[4]

Aún más, la estructura panorámica que podemos ver en toda la Escritura es la de una narrativa. La gran pregunta es ¿Qué narra la Biblia? Una respuesta corta a esa pregunta es “La gran historia de la Redención.”

Las Escrituras narran la gran historia de cómo el gran y único Dios, desde la eternidad planea y ejecuta el crear el universo y a la humanidad para su gloria, la caída de esta creación por el pecado, la separación consecuente entre Dios y el ser humano, y la redención de su pueblo al revertir la maldición del pecado a través de la muerte y resurrección de su Hijo, reconciliando así a los pecadores consigo mismo.

Una estrategia que puede facilitar tu comprensión de esta verdad es ver la historia de la Biblia a través de la metáfora de “episodios”. Por ejemplo, el autor Vaugh Roberts en su libro «El gran panorama divino» ofrece un esquema que nos puede ayudar a situarnos en la historia bíblica.

Él afirma que un tema central y medular de las Escrituras es el «Reino de Dios» el cual él define como “el pueblo de Dios en el lugar de Dios bajo el gobierno y bendición de Dios” (p. 22). Este tema unifica la Biblia y desarrolla su trama de la siguiente manera:

Antiguo Testamento

  1. El patrón del reino: El pueblo de Dios, Adán y Eva, vivía en la tierra de
    Dios, el jardín, bajo su gobierno, mientras ellos se sometían a su palabra.
    En la Biblia, estar bajo el gobierno de Dios es siempre para disfrutar su
    bendición, que es la mejor manera de vivir. La creación original de Dios
    nos muestra un modelo de su reino tal como debe ser.
  2. El reino perdido: Adán y Eva se sublevaron y buscaron independencia de Dios. ya no serían más el pueblo de Dios. Se alejaron de él y él respondió alejándose de ellos. No podían permanecer más en el lugar de Dios; él los desterró del jardín. No estaban bajo el gobierno de Dios, así que ya no podían disfrutar de su bendición. Por el contrario, fueron maldecidos y puestos bajo juicio.
  3. El reino prometido: Dios llama a Abraham y le hace promesas
    incondicionales: por medio de los descendientes de Abraham Dios
    restablecerá su reino. Ellos serán su pueblo, vivirán en su tierra y gozarán de su bendición. Además, por medio de ellos todas las naciones
    de la tierra serán bendecidas.
  4. El reino parcial:  La Biblia registra cómo las promesas a Abraham se
    cumplen de modo parcial en la historia de Israel. Pero las
    promesas hechas a Abraham aún no tenían su perfecto cumplimiento. El
    problema era el pecado, la continua desobediencia del pueblo de Israel.
    Eso provocó una rápida quiebra del reino parcial mientras Israel se
    derrumbaba.
  5. El reino profetizado: Después de la muerte del rey Salomón estalló
    una guerra civil y el reino de Israel se dividió en dos partes: Israel en el
    norte y Judá en el sur.  Los dos sucumbieron a Asiria y Babilonia. Durante éste deprimente período en su historia, Dios les habló a los pueblos de Israel y Judá por medio de sus profetas, quienes anunciaron que serían castigados por su
    pecado, pero aun así les ofreció esperanza para el futuro. Los profetas
    señalaban un tiempo futuro en el que Dios actuaría definitivamente por
    medio de su rey, el Mesías, para cumplir todas sus promesas. El Antiguo Testamento termina en la espera de que el rey de Dios aparezca para introducir su reino.

Nuevo Testamento

  1. El reino presente: Cuatrocientos años después de cerrarse el Antiguo
    Testamento, Jesús inició su ministerio público con las palabras: «Se ha
    cumplido el tiempo… El reino de Dios está cerca.» (Marcos 1:15). La
    espera había pasado; el rey de Dios había venido a establecer el reino de
    Dios.  Con su muerte Jesús solucionó el problema del pecado e hizo posible para la humanidad regresar a una relación personal con su Padre. La resurrección comprobó el éxito de la misión redentora de Jesús en la cruz y anunció que hay
    esperanza para nuestro mundo. Quienes confían en Cristo pueden
    esperar pasar la vida eterna con él.
  2. El reino proclamado: Mediante su muerte y resurrección, Jesús hizo
    todo lo necesario para completar la restauración del reino de Dios. Pero no terminó su labor en su primera venida a la tierra. Él ascendió al cielo y dejó en claro que pasaría un tiempo antes de que regresara. La espera permite a más
    personas escuchar las buenas nuevas de Cristo para que pongan su fe en
    él y estar listos para cuando él venga. Vivimos en este período al cual la
    Biblia llama «los últimos días», que inició el día de Pentecostés, cuando
    Dios envió a su Espíritu Santo a equipar a su iglesia para testificar al
    mundo entero sobre Cristo
  3. El reino perfeccionado: Un día Cristo regresará. Habrá una gran
    división, y sus enemigos
    serán apartados de su presencia y echados al
    infierno, pero su pueblo permanecerá con él en una perfecta y nueva
    creación. Luego, por fin las promesas del evangelio se cumplirán por
    completo. El libro del Apocalipsis describe un reino plenamente
    restaurado: el pueblo de Dios (cristianos de todas las naciones); en el
    lugar de Dios, la nueva creación (el cielo); bajo el gobierno de Dios,
    disfrutando su bendición.

Con esto en mente, cuando abras las páginas de las Escrituras, pregúntate lo siguiente:

  1. ¿En que parte de la gran trama de redención se encuentra el texto que me encuentro leyendo?
  2. ¿De qué manera entender la «gran trama» me ayuda a la hora de leer y entender las pequeñas historias (micro tramas) de personajes como José, David o Gedeón?

Notas:

[1] Don Quijote de la Mancha por Miguel de Cervantes Saavedra

[2] El Viejo y el mar de Ernest Hemingway

[3] La Cenicienta por los Hermanos Grimm

[4] Sandy, D. B., & Giese, R. L. (1995). Cracking Old Testament Codes. New York, Estados Unidos: Broadman & Holman.

Licenciado en Teología por parte de la Escuela Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos Semper Reformanda. Escribe para «Coalición por el Evangelio» en español, Fe Reformada y Enviados México. También posee una Licenciatura en Comunicaciones Corporativas por parte de la Universidad Francisco Gavidia de El Salvador. Actualmente es miembro de la Iglesia Gracia Sobre Gracia en El Salvador y forma parte del Ministerio de Alabanza del mismo.

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