16 Abr 2019

Jesús Lloró

Nuestra oración es que abraces a Jesús como el Rey que venció con su muerte y resurrección a los más grandes enemigos espirituales y que al hacerlo recibas, por gracia, vida eterna.
Por Pbro. Luis García

«Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. —¿Quién es éste? —preguntaban. —Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea—contestaba la gente (Mt.21:10-11).

No creo que haya pregunta más importante que la que esta multitud hacía hace dos mil años. Y la razón es porque la respuesta correcta a esta pregunta lo cambia todo. Esta es una de aquellas pocas preguntas cuya respuesta, al ser abrazada por medio de la fe, transforman vidas.

Así que, ¿quién es Jesús? ¿Quién fue realmente ese hombre que entró hace muchos siglos a la ciudad de Jerusalén montando un burrito?

Una posible respuesta podría ser que Jesucristo fue el fundador del cristianismo, que vivió ejemplarmente y dejó importantes enseñanzas éticas para que al obedecerlas le hiciéramos un bien al mundo y a la sociedad. Pero si respondemos así, entonces significa que los cristianos siguen sin esperanza de vida eterna; siguen muertos y esclavizados al pecado porque lo que ellos (como también el resto del mundo) necesitan, no es un maestro únicamente sino un salvador. En otras palabras, si Jesús sólo fue un hombre común que modeló una buena moral y enseñó a vivir éticamente, entonces el cristianismo se suma a todas las otras religiones dejando a sus seguidores en un estado de perdición y oscuridad espiritual.

Pero si contestamos que 1) Jesús es el más importante profeta de Dios pues nos vino a revelar el carácter y la voluntad de su Padre, 2) que Jesús es el perfecto sumo sacerdote que se ofreció a sí mismo como el sacrificio único y suficiente por nuestros pecados y 3) que Jesucristo es el Rey que irrumpió en este mundo para derrotar a los enemigos más terribles e imposibles de vencer por nosotros mismos (i.e. satanás, el pecado, la muerte, etc.), entonces esa respuesta lo cambia todo.

Lamentablemente, casi nadie entendió esto en los días de Jesús. De hecho, ni sus discípulos captaron en su totalidad todo lo que era Jesús y lo que había venido hacer; no comprendieron el significado bíblico de lo que estaba sucediendo ese día que Jesús se dirigía a la ciudad santa,

Por consiguiente, lo que gustaría hacer es, brevemente notar lo que la gente hizo cuando Jesús entraba a Jerusalén y el entendimiento que tenían de él y de su obra aquí en la tierra. Para ser especifico, veremos las respuestas de dos grupos distintos que estuvieron involucrados en este evento histórico de la vida de Jesús. Por lo tanto, prestemos atención no sea que estemos en la misma condición que alguno de ellos.

El primer grupo de personas.

Lucas 19:29-35 nos muestra que el primer integrante de este grupo eran los doce discípulos. De hecho, dos de ellos habían sido previamente enviados a traer el burrito sobre el cual Jesús montaría y fueron estos doce apóstoles los que también colocaron sus mantos sobre el pollino y ayudaron a Jesús a montarlo.

El segundo integrante de este primer grupo lo narra Lucas a partir del versículo 36, pero más claro aún en el versículo 37, donde vemos que no sólo estaban los Doce acompañando al Rey en su entrada a Jerusalén, sino que también había una “multitud de los discípulos” involucrados en esta entrada. Es claro que una multitud no puede referirse a los doce discípulos, ya que doce personas nunca fueron ni serán una multitud. Entonces, ¿quiénes eran estos otros discípulos? Esta multitud de discípulos hace referencia a aquellos que eran simpatizantes con el mensaje de Cristo y que lo seguían cuando tenían oportunidad. Eran seguidores casi frecuentes de Jesús.

El Evangelio de Juan nos relata al tercer integrante de este primer grupo.
Juan escribe: Al día siguiente muchos de los que habían ido a la fiesta se enteraron de que Jesús se dirigía a Jerusalén; tomaron ramas de palma y salieron a recibirlo (Jn.12:12-13). Este ultimo integrante no empezó donde los otros dos habían iniciado, a saber, desde el Monte de los Olivos (Mt. 21:1) mas bien, fue una caravana de peregrinos judíos que venían a la fiesta de la pascua y que salieron al encuentro de Jesús. Esto explica lo que dice Mateo 21:9 de que había gente atrás de Jesús y gente adelante de él. Estos que iban adelante eran los peregrinos que salieron a recibirlo con ramas de palma.

Ahora bien, ¿cuál fue la respuesta de estas personas ante este evento? El versículo 37 y 38 de Lucas 19 nos muestran una respuesta gozosa y llena de alabanza y reconocimiento de que Jesús era el hijo de David, es decir, el rey prometido. El versículo 38 dice: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Y el evangelio de Marcos lo pone de esta manera: Tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban:¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! (11.9–10).

Es claro entonces que, tanto la caravana de peregrinos, la multitud de discípulos y los doce apóstoles, todos creían que Jesús era el Mesías que restauraría el reino davídico. Fue por eso que lo aclamaban con vocabulario mesiánico sacado del salmo 118. De hecho, no solamente fueron estas frases y títulos mesiánicos las que mostraban su entendimiento de Jesús como el Rey prometido, sino las ramas de palma a ser movidas o agitadas en el aire y al ser echadas sobre el camino por esta gente simbolizaba para ellos que el Mesías prometido había llegado a ayudarlos.

Sin embargo, algo andaba mal. Juan 12:16 dice que: Al principio, sus discípulos no entendieron lo que sucedía. Sólo después de que Jesús fue glorificado se dieron cuenta de que se había cumplido en él lo que de él ya estaba escrito.

En otras palabras, aunque estos grupos de personas vieron en Jesús al Mesías prometido, lo cual era correcto, no conectaron ese evento con la profecía encontrada en Zacarías 9:9, que dice: ¡Alégrate mucho, hija de Sión!¡Grita de alegría, hija de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti, justo, salvador y humilde. Viene montado en un asno, en un pollino, cría de asna. Al fallar en esto, dejaron de ver a Jesús como el Mesías «justo, salvador y humilde montado en un asno» y lo comenzaron a ver como un mesías de guerra, un mesías político que había llegado para sacarlos del yugo de los romanos y no del yugo más importante que es el del pecado. Por consiguiente, la respuesta que dieron a esta entrada fue de ignorancia, de superficialidad y de una mala interpretación bíblica. No ha de extrañarnos entonces que Jesús llorara poco tiempo después de esto. Lucas escribe: Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos (Lc.19:41-42).

El segundo grupo de personas.

Lucas registra a un segundo grupo involucrado en la entrada de Cristo a Jerusalén, el cual estaba compuesto únicamente por los lideres religiosos de Israel, específicamente, los fariseos. Lucas los introduce de esta manera, versículo 39 y 40 dicen: Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Este último grupo respondió de forma muy diferente a la entrada de Cristo a la ciudad santa. Ellos respondieron con disgusto y enojo hacia Jesús por toda esta alabanza que estaba recibiendo. A los fariseos les enojaba y les llenaba de envidia que la gente creyera que Jesús era el Mesías, pero también, les atemorizaba perder, por la presencia y popularidad del Maestro de Galilea, el favor del pueblo y la comodidad que gozaban por ser los más respetados entre los judíos. Por estas razones no ha extrañarnos que entre ellos estuvieran diciendo lo siguiente, de acuerdo al pasaje paralelo encontrado en el Evangelio de Juan: Por eso los fariseos comentaban entre sí: Como pueden ver, así no vamos a lograr nada. ¡Miren cómo lo sigue todo el mundo! (12:19). En otras palabras, ‘tenemos que matarlo pronto, de lo contrario, luego será muy tarde porque miren, todo el mundo lo sigue.’ Esta reacción, al igual que la de las demás personas involucradas en ese día, encuentra su explicación en las palabras de Jesús: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos (Lc.19:42). Su propio pecado los había cegado de ver quien era realimente Jesús.

Y ustedes, ¿quiénes dicen que es Jesús?

Piensa ahora en tu vida. ¿Quién crees que es Jesús? ¿Eres como las multitudes que creían que Jesús era el verdadero Rey pero con una interpretación errónea de la naturaleza de su misión aquí en la tierra? Tal vez pienses que Jesucristo es el Rey y Salvador pero que su salvación consiste en algo terrenal como el liberarte de tus problemas emocionales, físicos o económicos. Tal vez pienses que su obra en la cruz sólo tuvo la finalidad de solucionar tus problemas y darte una vida cómoda y feliz. En cierto sentido, esto era lo que las multitudes anhelaban en su corazón. Ellos querían que Jesús solucionara su problema político, no quieran un salvador que los liberara de su esclavitud al pecado, sólo deseaban una vida tranquila. Por eso, Jesús lloró, porque su visión de Cristo había sido reducida a un mesías político o dicho de otra manera, veían a Jesús como el medio para alcanzar felicidad personal y no como el fin. ¿Ves a Jesucristo de esa manera?

Pensemos brevemente en el grupo de los fariseos. Ellos veían en Jesús una amenaza a su comodidad y reputación. Ellos no querían en lo absoluto que Jesús siguiera con vida. Para ellos, si Cristo nunca hubiera aparecido en la escena de sus vidas, mejor. ¿Eres como ellos? ¿Encuentras en Jesús una amenaza a tu comodidad, a tu interpretación de una vida plena? ¿Las enseñanzas de Cristo sobre el arrepentimiento y la santidad atentan contra tu forma de vida y por eso no quieres nada que ver con él?

Ahora bien, no sé si te hayas identificado con alguno de estos dos grupos, pero, déjame decirte lo que les pasó a la mayoría de estas personas que persistieron en su incredulidad. Lucas 19:43-44 dice así: Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro y te rodearán, y te encerrarán por todos lados. Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.

Y así ocurrió. En el año 70 d.C. el general romano Tito destruyó la ciudad de Jerusalén y todo lo que había dentro. Como bien comenta Hendriksen: «esta severa retribución sería recibida por la ciudad y sus habitantes porque, de una manera general, había faltado una respuesta favorable a la forma en que Dios en su compasión había visitado a Israel, enviando a su Hijo al mundo.»

Y puedes estar seguro que cuando Cristo regrese por segunda vez el destino de los que lo hayan rechazado no será sólo un juicio temporal sino el castigo eterno, como relata Juan en el Apocalipsis: Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Ésta es la segunda muerte (21:8).

Por lo tanto, «en nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. Nosotros, colaboradores de Dios, les rogamos que no reciban su gracia en vano. Porque él dice: En el momento propicio te escuché, y en el día de salvación te ayudé. Les digo que éste es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!»(2 Co 5.20–6.2).

Nuestra oración es que abraces, por medio de la fe, a Jesús como el Rey que venció con su muerte y resurrección a los más grandes enemigos espirituales y que al hacerlo recibas, por gracia, vida eterna. Que Señor te bendiga.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada. Puedes seguir su contenido en https://www.facebook.com/SoliDeoGloria8/

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