19 Oct 2018

Soberanía, Juicio y Bendición

Por Dr. J. Alberto Paredes

Mi Voto: Su Gloria

Dios Determina, Sostiene y Remueve A las Autoridades, para Bendición o para Juicio.

Dios es soberano sobre todas las cosas. Esta es una verdad que escuchamos una y otra vez en la iglesia, y aún así, en ocasiones nos es difícil abrazar. En medio de una temporada electoral tan oscura como la que estamos viviendo, podríamos preguntarnos ¿cómo es que Dios permite tan malos candidatos para guiar a esta nación?

Bien, primero que nada, si no has leído el punto número uno de esta serie, éste sería un excelente momento para que lo leyeras, pues en él recordamos nuestra responsabilidad en cuanto a quiénes son los candidatos por elegir. Sin embargo, quizá esta no sea la única razón…

Una y otra vez en la Biblia, vemos que Dios usa medios humanos, y la historia en general para llevar a cabo sus decretos eternos. Por ejemplo, José, aquel varón que fue vendido por sus hermanos como esclavo a Egipto, en su reencuentro ya como gobernador, establece que, aunque sus hermanos obraron mal y con malas intenciones, Dios, en cambio, sobre el mismo acto, obró bien y con intenciones santas para preservar la vida de muchos (Gé. 50:20).

Más específicamente en cuestión de naciones y gobernantes, Dios en ocasiones y sólo por Su gracia, levanta reyes y gobernantes e incluso jueces, que lleven bendición a Su pueblo, David, Uzías, Otoniel, Nehemías, aunque debemos reconocer que es una bendición limitada, y no es el común denominador.

Más comúnmente, a causa del pecado de las naciones, Dios dispone malos gobernantes como juicio sobre el pecado de una nación. El profeta Isaías advierte que, como juicio, Dios enviaría reyes jóvenes e inexpertos que les harían sufrir muchas cosas (Is. 3:4), y también que la nación Asiria sería utilizada como instrumento de Juicio sobre Israel (Is. 10:5-6), y esto es tan importante para Él, que incluso, posteriormente, castiga a Asiria por no reconocer que su conquista sobre Israel fue producto del juicio de Dios, y pensar en su soberbio y altivo corazón que fue por sus propias fuerzas que pudieron vencer (Is. 10:7-12).

Dios en ocasiones y sólo por Su gracia, levanta reyes y gobernantes e incluso jueces, que lleven bendición a Su pueblo…Más comúnmente, a causa del pecado de las naciones, Dios dispone malos gobernantes como juicio sobre el pecado de una nación.

La realidad es que Dios, en Su soberanía, ya ha establecido quién será nuestro siguiente gobernante. Personalmente, considero que será para juicio, y bien merecido. ¿O acaso diremos que como nación no nos hemos apartado de nuestro Creador?

¿Qué hacer ante esto?

¿Qué hacer ante la casi inminente realidad de un juicio venidero de Dios ante una nación que se ha dedicado a ofenderlo en gran manera?

Recordemos que, por el Evangelio de Cristo Jesús, podemos someternos a nuestras autoridades, por más corruptas que sean, permaneciendo firmes en nuestra fe, y aferrándonos a las verdades y promesas hechas a los hijos de Dios en Cristo.

Recordemos que nuestra esperanza eterna está en los cielos (Tit. 3:1-7). Recordemos que todas las cosas ayudan a bien para los que aman a Dios (Ro. 8:28), y este bien es aquél que sirve a nuestra santificación, que nos lleva a parecernos más a Cristo (Ef. 4:13), pues así, Dios es glorificado.

Recordemos que nuestro tesoro no está en esta tierra, sino en los cielos, y no importa que tan difícil se ponga nuestra situación terrenal, siempre tenemos una esperanza viva en el reino de Dios, donde esperamos ver a Cristo cara a cara (Mt. 6:19-21; 1 Jn. 3:1-3). Conociendo que Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Ro. 12:2) y que sus pensamientos son mucho más altos que los nuestros (Is. 55:8-9).

Reconozcamos que sus juicios son justos (Sal. 19:9), y, finalmente, vivamos delante de Él en dependencia de Él, rogando que Su Santo Espíritu nos lleve a vivir vidas que muestren que en Cristo hay esperanza, y que el reino de los cielos es nuestro verdadero hogar, que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra, sabiendo que nuestra única razón para estar vivos de este lado de la eternidad es predicar a otros el evangelio de Cristo, desde donde estemos, en la profesión u oficio que tengamos, haciendo discípulos. Estoy seguro, que pase lo que pase esta jornada electoral, habrá muchas oportunidades de presentar la esperanza en Cristo.

Oremos por que Dios nos llene de Su Espíritu para aceptar en paz Su voluntad, para confiar en Su Palabra, para vivir por el reino de los cielos, y para predicar el evangelio, para que Cristo sea glorificado en todo.

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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