En medicina de urgencias (y en campismo), aprendemos un dato interesante conocido como «La regla de los 3». Esta regla es una forma fácil de recordar a qué dar prioridad en caso de encontrarnos en un entorno de supervivencia. La regla es sencilla. Un ser humano puede sobrevivir 3 minutos sin aire, 3 horas sin refugio (en entornos extremos), 3 días sin agua y 3 semanas sin comida. Pero, hagamos otra pregunta: ¿cuánto puede sobrevivir nuestra alma sin oración?
Sabemos por las Escrituras que la oración es un deber cristiano (Ef 6:18). Es buena y necesaria (1 Tes 5:17). Sin embargo, ¿te has preguntado alguna vez por qué esto es así? Esta es precisamente la pregunta 116 del Catecismo de Heidelberg —compuesto por Zacarías Ursinus en 1563 y adoptado por el Sínodo de Dort en 1619 para ser una de las Tres Formas de Unidad dentro de las Iglesias Reformadas Continentales.
En este documento, Ursinus presenta una doble respuesta. En primer lugar, la oración es la parte más importante del agradecimiento que Dios exige de nosotros. Aquí, Ursinus se centra en la oración como mandato de Dios. Dios nos exige que le pidamos ayuda para que la gloria se atribuya sólo a Su nombre (Sal 50:14-15).
En segundo lugar, Dios da su gracia y su Espíritu Santo sólo a quienes pidan continuamente y con anhelo de corazón estos dones a Dios y le den gracias por ellos. Esta segunda parte se refiere a nuestra necesidad. Necesitamos lo que Dios ha prometido darnos a través de la oración. Y, mientras que la mayoría reconoce que es así, la ampliación de Ursinus en su comentario da más luz sobre la cuestión: Dios ha prometido dar estas gracias sólo a quienes las pidan continuamente (Mat 7:7; Fil 4:6-7; Lc 11:13). En otras palabras, estas promesas están ligadas a nuestra oración.
Entonces, ¿cuánto necesitamos de la oración? La necesitamos tanto como los dones que Dios ha prometido concedernos a través de ella. La oración es, pues, indispensable para el alma cristiana.
Una frase del mismo Ursinus lo resume mejor:
«La oración es, por tanto, tan necesaria para nosotros como lo es para un mendigo pedir limosna».

