¿Te imaginas estar en el peor momento de tu vida, donde todo parece perdido y sientes las promesas de Dios tan lejanas? Esta es quizá la sensación que los Salmos 88 y 89 —llamados «los más tristes en la Biblia»— transmiten en primera instancia al lector.
Al leer estos Salmos, podría parecer que Dios está distante, incluso ausente. Es fácil pensar o identificarse con esa sensación de abandono e incluso considerarla como la única realidad. Pero en medio de esa aparente oscuridad, surge una verdad.
Sí, nuestra primera impresión es que Dios se ha alejado, pero la esperanza mesiánica que prometen estos salmos nos recuerda que Dios sigue siendo fiel y su promesa de restauración nunca falla, incluso cuando no podemos ver la luz. Algún hermano luchando con la depresión puede encontrarse con estos salmos en busca de consuelo. En su lugar, puede sentir que su carga se hace más pesada. Entonces, ¿qué es lo Dios puede hablar a su corazón a través de estas palabras? ¿Qué mensaje de esperanza podemos hallar en estos cantos?
En el Salmo 88, la oscuridad de la tristeza abarca todo y el salmista siente que Dios lo ha dejado (Salmo 88:14). Dios probablemente incluyó este Salmo en el canon porque a través de él nos enseña que la fe también llora (Salmo 88:2), que en la vida espiritual también hay lugar para el dolor (Salmo 88:3). Este Salmo muestra que Dios no ignora ni desprecia nuestras emociones más profundas —incluso aquellas que a veces preferimos callar. Carlos Spurgeon dice que, aunque haya quebranto, si uno aún ve a Dios como Salvador, no es «medianoche completa». La verdadera fe regresa a Dios aun cuando todo lo demás ha fallado, y que orar día y noche muestra esa fe perseverante, una fe que no necesita condiciones especiales para clamar.[1]
Por su parte, el Salmo 89 inicia exaltando la fidelidad de Dios (Salmo 89:1-2), pero finaliza con la queja del salmista al no ver cumplidas las promesas del pacto (Salmo 89:49). Esta tensión entre lo que creemos y la voluntad de Dios es común en el dolor.
Un hermano luchando con depresión puede ver en ambos salmos que no está solo. Estos textos no están para hundirlo más, sino para acompañarlo en su sentir. Son como un susurro: “Aun cuando no sientes a Dios, Él está contigo. Aun cuando la oscuridad parece eterna, Dios sigue siendo luz”. Spurgeon destaca que el aparente silencio [de Dios] no es indiferencia; es un espacio donde la fe puede madurar.[2]
Además, estos Salmos también apuntan a Cristo. Jesús, en la cruz, vivió el dolor de un Salmo 88 en carne propia. Sin embargo, él fue la promesa del Salmo 89 cumplida “el Hijo de David que reina eternamente”. Cristo es la respuesta a las oraciones expresadas en estos salmos. Jesús sintió el abandono que muchas veces nos quebranta. Sin embargo, a través de su resurrección, garantizó que Dios cumple sus promesas (2 Corintios 1:20). Su clamor en la cruz no fue ignorado, sino que fue escuchado para siempre. Por eso, aunque no veamos la salida, ver a Cristo y confiar en que Dios está con nosotros en esas circunstancias nos revela que su fidelidad ha vencido a la oscuridad.
En Cristo, incluso la temporada más oscura de nuestra vida tiene esperanza. Como el Señor mismo prometió: «No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.» (Salmos 89:34). Esa fidelidad se hizo visible en Jesús, y se renueva cada día para nosotros (Lamentaciones 3:21-23).
Así que Dios no nos abandona en tribulación. Estos Salmos nos muestran un alma herida, y nos invitan a clamar, aun con lágrimas. Porque el clamor más débil, cuando es sincero, siempre encuentra un eco en el corazón de su amado.
[1] Spurgeon, C., Salmo 88 – Súplica por la Liberación de la Muerte
[2] Spurgeon, C., Salmo 89 – Pacto de Dios con David
Este trabajo fue originalmente compuesto como un requisito del curso «Poetas» de los Centros Teológicos Bautistas (CTB-LATAM). La autora recibió una invitación directa para contribuir mediante compartir este escrito a través de Enviados bajo la supervisión conjunta de la directiva de Enviados y CTB-LATAM. Enviados agradece la contribución y la disposición de CTB-LATAM para la publicación de este trabajo.
