8 Jun 2024

Elecciones Mexico 2024: ¿Cómo interpretar lo sucedido?

people near mexican flag
Por Dr. J. Alberto Paredes

“Por primera vez, en 200 años de la República, me convertiré en la primera mujer presidenta de México.” —Claudia Sheinbaum, 2 de Junio de 2024.

El día 2 de junio de 2024 se llevaron a cabo elecciones presidenciales en México. Hoy la candidata Claudia Sheinbaum del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) ha sido reconocida por los medios como candidata ganadora. La tarde-noche del 2 de junio fue testigo de dos cortos discursos de victoria por parte de la Dra. Sheinbaum. El primero, muy cerca del cierre de casillas —y quizá muy temprano en el proceso— tuvo lugar en el Zócalo de la ciudad de México entre banderas mexicanas, banderas de MORENA, y banderas del movimiento LGBT. El segundo, más noche, sucedió después de que las matemáticas constataban su presunta victoria.

Hace seis años, analicé el discurso de victoria del entonces candidato y actual presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador a la luz de las palabras del rey David. El análisis de ese discurso tuvo como propósito descubrir la cosmovisión a la que los mexicanos estaríamos sujetos por los próximos seis años. Hoy deseo hacer lo mismo.

Antes de iniciar, es prudente distinguir cuáles son y no son mis objetivos. No es mi propósito comentar acerca del partido ganador, ni sobre la candidata como persona —otros ya lo han hecho. No estoy interesado tanto en valorar las propuestas específicas de gobierno —creo que no estoy calificado en muchas áreas (economía, seguridad pública, desarrollo de pueblos indígenas, etcétera) para hacerlo. 

Mi interés es más bien analizar la cosmovisión que delatan aquellos discursos de victoria de la candidata Sheinbaum; llevando todo pensamiento cautivo al señorío de Cristo (2 Co 10:5). Por esto mismo, las frases citadas no serán presentadas en un orden cronológico, sino agrupadas por tema. Como hace seis años, deseo que sea la Palabra la que resalte los problemas de cosmovisión que estos discursos presentan. Como resultado, deseo también llamar mis hermanos en México y Latinoamérica a la oración por los próximos seis años de esta nación. 

Dos Cantos de Victoria

Para esta empresa, he elegido otro discurso de victoria. El de una mujer que ejerció liderazgo ejemplar en servicio de Dios: Débora. Si bien las diferencias contextuales son claras —Débora ha ayudado a Barac a juzgar a los Cananeos mientras que Sheinbaum ha ganado una campaña electoral— aún podemos percibir algunos paralelos que ayuden a esta comparación. Ambas mujeres, por ejemplo, son respetadas y poseen autoridad (Jue 4:4–5). Ambas mujeres viven en un tiempo de decadencia moral, experimentando el juicio de Dios sobre sus naciones, y donde un remanente eleva constantes plegarias al Señor por su nación (Jue 4:1–3). Finalmente, los discursos de Sheinbaum y el canto de Débora representan de algún modo la consumación de una victoria política que afectaría la vida de toda la nación por un buen período de tiempo (Jue 5:31 b). Con estas similitudes en mente, paremos a explorar las diferentes cosmovisiones evidenciadas en sus celebraciones de victoria.

Dos Cosmovisiones Incompatibles

El Mito de la Neutralidad

“Vamos a gobernar para todas y para todos”

Varios medios han reportado ya sobre estos discursos de victoria. Quizá algunos de los calificativos más repetidos son “mesurado” o “conciliatorio”. El propósito de éstos calificativos es enfatizar la actitud de Sheinbaum no solo ante sus seguidores, sino ante la oposición.

Aunque un presunta actitud neutral es cada vez más común en la política, ella debería levantar algunas dudas tanto entre seguidores como opositores. El cargo de autoridad del gobernante no puede divorciarse de sus connotaciones morales. Gobernar no es una actividad amoral. Tanto el gobernante como su partido, tanto como la nación como los individuos, son todos agentes morales que deben tomar decisiones morales. Esto generalmente obligaría a un líder consistente a denunciar aquellas convicciones en las que el pueblo ha fallado moralmente. Liderar, en el sentido bíblico, no tiene tanto que ver con mantener contentos a tantos como sea posible, como con ser fieles al llamado de Dios como ministros de la espada (Rom 13:1, 4).

Débora no tiene interés en una aparente neutralidad. No teme expresar sus convicciones morales de forma clara y contundente. Ella abiertamente manifiesta su sumisión a Dios (Jue 5:3), expone al pueblo por su idolatría (Jue 5:8), elogia a quienes responden al llamado de luchar para el Señor (Jue 5:9–15a, 18), pero también denuncia a quienes dudan en hacer lo que es justo (Jue 5:15b–17, 23). Para ella, la neutralidad no es importante; lo importante es la fidelidad al Dios de Israel.

La Falsa Promesa de un Gobierno “Plural”

“Concebimos un México plural, diverso, y democrático. […] [N]uestro deber es y será siempre velar por cada una y cada uno de los mexicanos, sin distingos. [H]abremos de caminar en paz y en armonía para seguir construyendo un México justo y más próspero.[…][G]arantizaremos las libertades de expresión, de prensa, de reunión, de concentración y movilización. […] Respetaremos también la diversidad política, social, cultural, y religiosa; la diversidad de género y sexual. Seguiremos luchando siempre contra cualquier forma de discriminación.”

En un sentido, todo gobierno es plural. Todo gobierno está a cargo de una población variada. Aún así, gobernar sobre todos y gobernar para todos no son la misma cosa. Por supuesto, un presidente gobierna sobre toda la nación. Por otro lado, ningún presidente puede gobernar para toda la nación. En este sentido, los gobernantes siempre tendrán que tomar decisiones que favorezcan a algunos grupos más que a otros, o incluso en detrimento de otros.

Estas decisiones no siempre son malas. Quizá el “poner a los pobres primero” (dependiendo cómo se ejecute) puede ser un acto loable que favorezca más a un grupo sin un detrimento real del otro (Deut 15:7–11; Prov 28:27; Ro 12:13). Pero, ¿qué pasa si se favorece la idea de la identidad de género versus la libertad de culto? Pastores que llamen a la homosexualidad pecado pueden ser encarcelados. Niños pueden ser mutilados. Familias pueden ser destruidas. ¿Qué pasa cuando el movimiento pro-aborto es favorecido? El detrimento del no-nacido es, literalmente, fatal para los más vulnerables.

El canto de Débora muestra una imagen distinta. Por un lado, aquellos que se rebelan contra la voluntad de Dios son maldecidos (Jue 5:23), mientras que aquellos que la cumplen obtienen bendición (Jue 5:24–27). Quien determina esto, además, no es el gobernante, sino Dios mismo. Es decir, un gobierno no solo no puede ser “plural” en el sentido de gobernar “para” todos, sino que cada gobernante debe someterse a los estatutos divinos de justicia y piedad de acuerdo a su llamado como ministro de Dios (Rom 13:4).

El Ídolo de la Democracia

“Vamos a mantener un gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo. […]Me comprometo con ustedes a llevar a México por el sendero de la democracia […]”. “[D}emostramos que México es un país democrático […] Vamos a seguir haciendo de México, cada día, un país más justo, democrático, libre, soberano […]” 

Pero, si el gobernante no se somete a Dios para gobernar, ¿a qué se está sometiendo? Y, ¿a qué está sometiendo al país? La democracia, como un ente abstracto, parece ser la respuesta.

La democracia, debemos entender, es una herramienta o un sistema para ejercer poder. El poder, se supone, está en lo que la mayoría del pueblo desee. Como en el caso de un gobierno “plural”, en ocasiones, el aplicar un gobierno completamente democrático resulta en cuestiones amorales —¿debemos elegir el azul o el verde para las señales carreteras? Sin embargo, ¿qué pasa cuando la mayoría del pueblo tiene un corazón inclinado ha hacer continuamente el mal (Gen 6:1; Jue 4:1; Rom 3:10–18)? Por muy útil que sea la democracia en algunas cuestiones prácticas (como elegir un gobernante), buscar satisfacer los deseos de la mayoría (o, peor, de minorías escandalosas que se oponen al Señor), nos ha llevado a una situación de decadencia moral de una escala histórica en occidente.

El canto de victoria en Jueces 5 muestra un estándar distinto. Los versos 4–6 de este canto muestran un paralelo interesante que está conectado con la autoridad de Dios. Por un lado, Jue 5:4–5 conectan la interacción entre Dios e Israel en Éxodo 19–20 para entregar la ley, con la prosperidad que la lluvia trae a una nación agrícola. Por otro, los días de Samgar y Jael —los bordes históricos de la historia de Débora y Barac (Jue 3:31–4:1; Jue 4:17–23)— cuando el pueblo hizo lo malo delante del Señor (Jue 4:1) están caracterizados por “caminos desiertos”, “sendas tortuosas”, y “campesinos sin cosecha” (Jue 5:6–7) que terminan con la intervención de Dios a través de Débora.

En este sentido, la respuesta no es el idealizar o idolizar la democracia. !Débora denuncia cualquier tipo de idolatría (Jue 5:8)! Sino en regresar a los caminos del Señor.

Acciones de Gracias

Por último, quizá uno de los aspectos más reveladores de los discursos de Sheinbaum no está en lo que dijo, sino en lo que omitió. Agradeció a “todas y todos los mexicanos”, agradeció el reconocimiento de victoria por parte de sus opositores, entre porras y vítores, agradeció y elogió al actual mandatario Andrés Manuel López Obrador. Pero hubo un agradecimiento claramente ausente en todo su discurso. Nunca agradeció a Dios. A pesar de su ascendencia judía —otro paralelo con Débora—, Sheinbaum abiertamente ha declarado el abandono de Dios, presuntamente debido a su carrera profesional científica. Como médico y hombre de ciencia, puedo afirmar que la ciencia manifiesta la gloria del Dios de la creación. Más allá de eso, y más allá de tener por primera vez una mujer en la presidencia, los mexicanos tenemos, quizá por primera vez en la historia, a alguien abiertamente ateo en el poder. Este es un panorama nuevo para la nación; y algo difícil de justificar como motivo de celebración. ¿Cómo afectará esto la vida de nuestro país? 

Si bien el primer discurso de Sheinbaum y el último estuvieron encasillados entre agradecimientos a AMLO; Débora enmarca su canto de victoria entre agradecimientos y alabanzas al Creador y Sustentador de todo lo que existe (Jue 5:2–5, 31).

Dos Perspectivas, Un Evangelio

Lo que sucedió el 2 de junio se puede recibir de muchas maneras. Como malas noticias, México ha quedado con un mandatario ateo, con un historial de proponer y aprobar políticas inmorales; completamente contrarias a la voluntad de Dios.

En 2017, en un breve encuentro que tuve con el comentarista cultural, pastor, y presidente del SBTS, el  Dr. Albert Mohler, le hice una pregunta cuya respuesta me tomó desprevenido. Le comenté que históricamente, México siempre había estado unos 10 años por detrás de los EE.UU. en cuestiones ideológicas. Con esto en mente, pregunté ¿qué consejo nos podía dar como nación para evitar llegar al estado en el los EE.UU. se encontraba en ese entonces. Antes de darme algunas recomendaciones prácticas, el Dr. Mohler me respondió que mis cálculos estaban errados. Debía considerar que las redes sociales y la globalización acelerarían este acercamiento cultural. Tenía razón.

Hoy, México está lidiando —y seguirá por seis años más— con los mismos problemas morales que nuestro vecino del Norte: ideología de género, censura religiosa, aborto patrocinado por el estado, feminismo, etcétera. Con la diferencia que los recursos que allí tienen para combatir esta regresión cultural son más.

Estas son las buenas noticias: Dios está en control. Jesús resucitó, ascendió y está sentado a la derecha del Padre, gobernando todo lo que sucede por el poder de su Palabra (Heb 1:1–4). Nuestro futuro como creyentes, como pastores, y como nación no está en manos de ningún hombre o partido político, sino en las manos preciosas de nuestro Salvador. Nuestro futuro está en las manos de aquél que nos amó y se entregó a Sí mismo (1 Jn 3:16), y quien ha prometido entregarnos junto con Él todas las cosas (Rom 8:32). El evangelio nos enseña, por un lado, que nuestro mayor problema ya ha sido resuelto (Rom 6:5–8), y que para quienes amamos al Señor, todas las cosas ayudan a bien (Ro 8:28). Por otro lado, nos enseña a orar por nuestros gobernantes (1 Ti 2:1–2) y que aún para alguien como la actual candidata ganadora, hay esperanza (Dan 4:34–36). 

Oremos para que el Señor prepare a una generación en México que proclame con poder la Palabra de Verdad y que llame proféticamente a cualquier autoridad injusta al arrepentimiento, que levante personas dispuestas a glorificar a Dios como servidores públicos, y que tenga misericordia de nuestra nación y sus gobernantes, derramando su Espíritu sobre ellos, y cambiando corazones de piedra por corazones de carne.

Fundador de Enviados México. Estudiante de PhD en la Universidad de Cambridge, UK. Maestro en Divinidad y Maestro en Estudios Teológicos por RTS Charlotte, NC, USA. Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Autor de «Santa Cena Virtual». Ha publicado entradas en otros ministerios como TGC Coalición; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por las Escrituras, la Iglesia, y Latinoamérica.

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