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¿Qué Significa Ser Reformado? Pte.1

En la década de los 90’s, Laurence M. Vance escribió en su libro titulado, El otro lado del calvinismo, las siguientes palabras:

“Nada amortiguará [debilitará] más una iglesia o sacará a un joven del ministerio que la adhesión al calvinismo. Nada fomentará más el orgullo y la indiferencia que lo hará un afecto por el calvinismo. Nada destruirá más la santidad y la espiritualidad que el apego al calvinismo… Las doctrinas del calvinismo lo amortiguarán y matarán todo: oración, fe, celo, santidad.”[1]

Hoy existen personas que continúan percibiendo la fe reformada o calvinismo bajo los mismos criterios negativos que se escribieron en ese libro. Esto nos lleva a preguntarnos sobre lo que significa en realidad ser reformado.

Para contestar esto, he dividido la respuesta en dos partes: 1) lo que cree un reformado y 2) lo que practica. Es decir, analizaremos la ortodoxia y ortopraxis calvinista.

Ortodoxia: La doctrina que cree un reformado

  1. Todo verdadero calvinista es credal. Esto significa que sostiene como creencia verdadera las enseñanzas bíblicas resumidas en los credos históricos, tales como el credo de los Apóstoles, de Nicea, de Atanasio y de Calcedonia. De los cuales aprendemos doctrinas coma la ontología y economía de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, la naturaleza y funciones básicas de la iglesia y por supuesto, la gloriosa esperanza de la vida eterna. Todo esto nos muestra, también, que el calvinismo no comenzó con Calvino, nuestra fe reformada es una fe histórica y apostólica.
  2. Todo verdadero calvinista es protestante o evangélico. Esto quiere decir principalmente que sostiene en alto las Solas de la Reforma Protestante, a saber, Sola Scriptura (sólo la Escritura es la máxima autoridad en todo), Solus Christus (sólo en Cristo hay salvación), Sola Gratia (sólo por gracia tenemos salvación), Sola Fide (sólo a través de la fe recibimos la salvación), y Soli Deo Gloria (sólo a Dios la gloria por tan grande salvación).
  3. Todo verdadero calvinista es confesional. El teólogo Joel Beeke comenta lo siguiente: “la fe calvinista es tan rica que al menos tres familias de declaraciones confesionales se desarrollaron en los siglos XVI y XVII: la familia inglesa-escocesa, la familia holandesa-alemana y la familia suiza, ninguna de las cuales contradecía a las demás, sino que se edificaban y complementaban.”[2] ¿Cuáles son estas confesiones que surgieron de estos tres distintos lugares geográficos y que todo reformado considera como buenas expresiones o resúmenes de la enseñanza bíblica?
    • De la familia de suiza tenemos la Primera (1536) y Segunda (1566) Confesión Helvética. De la familia de los ingleses y escoceses tenemos la Confesión Escocesa de 1560 y la famosa Confesión de Fe de Westminster (1647) junto con sus dos catecismos (1648). Y por el lado de la familia holandesa-alemana hemos heredado las Tres Formas de Unidad, que son: la Confesión de Fe de Belga (1561), el Catecismo de Heidelberg (1563) y los Cánones de Dort (1618–1619).

De estas Confesiones y Catecismos aprendemos cuatro distintivos reformados:

Como podemos ver, el calvinismo se distingue por una pureza doctrinal basada, no en el hombre, sino en las Sagradas Escrituras para la gloria de Dios. Por supuesto, la doctrina no lo es todo en el calvinismo. En el siguiente artículo observaremos la ortopraxis reformada. Así que, ¡no te lo pierdas!

[1] Ryken, P. G. (2011). ¿Cómo es el Verdadero Calvinista? (p. 4). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

[2] Beeke, J. R. (2008). Living for God’s Glory: An Introduction to Calvinism (p. xii). Lake Mary: Reformation Trust Publishing.

[3] Warfield, B.B. Calvino como Teólogo y el Calvinismo Hoy, citado en Ryken, P. G. (2011). ¿Cómo es el Verdadero Calvinista? (p. 5). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

[4] (1647). Confesión de Fe de Westminster (Cap.7, art. III).

[5] En la Cena del Señor todo reformado rechaza tanto la transubstanciación como la consubstanciación y abraza la enseñanza de que “el cuerpo y la sangre de Cristo…están real pero espiritualmente presentes en aquella ordenanza para la fe de los creyentes” (CFW, cap.29, art.VII).

[6] (1563). Catecismo de Heidelberg (P.74).

[7] (1561). Confesión Belga (Art.30).

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